Atendí
a gente de la nobleza, artistas, deportistas y sigo atendiendo
a la Sra. Más importante de mi salón, la que viene
todas las semanas. Todas ellas me han enseñado que soy
una vendedora de ilusiones, su sonrisa me lo ha confirmado,
su regreso me ha gratificado y de repente me di cuenta que sé
hacer magia, cambiando su tristeza, su soledad, su dolor o su
rabia, simplemente colocando un flequillo, dando un vuelco a
su estilo o cualquier otro trabajo que tantos de vosotros, peluqueros
hacéis.
Llevo
27 años de experiencia, y todavía dudo y no
sé si lo hago bien o mal, porque cada uno es peluquero
como quiere o como puede, pero lo que yo si sé de mi,
es que dentro de mí hay un inmenso y eterno amor por
mi profesión.
Cuando
empecé tenía 13 años y como todos los
idealistas e inconformistas pretendía cambiar el mundo,
y el mundo cambió solo, no me llamó. Pero yo
cambié mi mundo, trate de hacer de este oficio un arte,
EL ARTE DE PEINAR... ¿ y por qué no? , El pintor
hace arte, el escultor hace arte y nosotros los PELUQUEROS
¿ no hacemos arte?. Pulir el cabello, convertirte en
rizo y doblegarlo, crear formas y dominarlas, dar luz donde
no hay y quitarlas cuando sobran, ¿ acaso esto no es
arte? . Para mí, Si es un arte, porque voy en ventaja
con todos los demás, aparte de esculpir, tallar o doblegar
un cabello, hay alguien que através de su mirada, de
su sonrisa, va a responderme y entonces me siento una privilegiada
en haber sido peluquera por vocación, porque para mi
siempre hay respuestas, hay lágrimas o sonrisas; pero
al pintor no le hablan sus cuadros, el piano no responde al
pianista, al poeta no le contesta su libro.
Por
eso quiero dedicarle un poema de amor a la peluquería,
porque me dio todo lo que soy, es verdad fue un largo camino,
pero yo no necesito idiomas para ir por el mundo, mis manos
hablaran de mí, y es verdad ¡ Cuántas
alegrías ¡, muchos sinsabores miles de errores,
infinitas frustraciones gigantescos valles de lágrimas
y también caudales de sonrisas pero al final, me convenció,
me enamoré de ella y con ella seguiré hasta
el fin de mis días, porque como dijo alguna vez alguien:
Los
más jóvenes, luchen por un ideal, y los menos
jóvenes, cuídenla, porque es una pasión
y no se debe de apagar. No importa si peino bien o mal ya
a esta altura del camino, pero quería dedicarle un
poema a mi oficio, porque nosotros los peluqueros/as somos
portadores de magia, vendedores de ilusión y siempre
hay alguien en el camino que nos esta esperando para producir
el cambio.
Este
es un simple poema de amor de una chica de barrio, de una
peluquera más, pero que lucha día a día
para transformar esta profesión, en el ARTE DE PEINAR.
No
olviden que luchar por lo que uno quiere, es un privilegio,
yo soy una privilegiada, por esto lo del POEMA DE AMOR A LA
PELUQUERÍA; porque ella ha sido el gran amor de mi
vida, y es mejor HABER AMADO Y PERDIDO A NO HABER AMADO NUNCA.
Sinceramente
para todos los peluqueros de aquí, de allá y
del más allá. Stella Amat.
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